Espere, esperaba, espero, tiempo insípido mojado. Aquí estas. Desgobierno osado formando en mí, con ávida dulzura tu danza retráctil que interrumpo.Comprendo el dibujo que producen tus palabras en mis bríos. Efímeros surcos de mi mente recorres cuando dejo de agitarme a tu antojo. Resisto las espinas de tus dedos que yerguen mi sepulcro. No remuevas el musgo acrecentado que protege mis falencias. Deja de trenzar mis rendidos sentimientos. Disipa los soles que arden cada día. Resigna tu importancia, hostiga mi cansancio. Renuncia.
Llegue y no estabas. Apareciste con toda tu gran inmensidad. Tu sonrisa antes que vos. Me abordaste con tu abrazo, me envolvió, me rodeo, sentí, me confundí y quise volver a repetir. Recuerdo un camino de luces en la noche, tu mano anido en mi pierna, te tome con la mía, me aferre a ella y allí se quedaron. Nada recuerdo de que hablamos. Solo girabas, girabas dibujando círculos sin llegar a ningún lado. Nada había. La excusa perfecta para detenerte y observar quien sabe que animal salvaje. Por un instante, no sé en qué momento, toda yo era cubierta por vos. Inesperadamente, desbocadamente, avasallaste hacia mí. Aún no logro discernir el segundo preciso de tu emboscada. Tan cerca, tan dentro, sentí fundirme inquebrantablemente. Nada nos detuvo. La excusa eras vos, era yo, era nosotros. Ahí es donde todo comenzó. (a Al)
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